
Todo es silencio. Todo es oscuridad. Los años pasan volando como hojas muertas. Permanecéis vigilantes ante el sarcófago sin pensar ni respirar. No recordáis vuestros nombres. La carne se ha desprendido de los huesos. Sois meros esqueletos velando una tumba. Un día, la luz invade la estancia. Alguien osa romper este descanso. Son intrusos. En vuestra mente, una voz os recuerda el cometido que os ata a este lugar:






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